[caption id=”attachment_922” align=”aligncenter” width=”500” caption=”Fyodor Pavlov. Ilustración de Iván el Terrible. Todos los derechos reservados.”]
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Fyodor Pavlov es un excelente ilustrador. Le conocí a través de algunas de sus publicaciones en su blog http://fyodorpavlov.tumblr.com cuya visita recomiendo efusivamente. Sus dibujos tratan de recrear personajes de alcurnia como dandys, aristócratas, militares, divas… siempre con un aroma tremendamente decadente. Sus composiciones son realmente elegantes, aderezadas muchas veces con escritos de su puño y letra, sobre ricos papeles con esa aureola sepia del pasado.
Hoy me detengo en tres de sus ilustraciones que componen la serie dedicada al film de Sergei M. Eisenstein, Iván el Terrible, que como sabréis consta de dos partes, la primera homónima, de 1944 y la segunda titulada La conjura de los boyardos de 1948. Estas películas no estuvieron exentas de polémica. Mientras la primera fue loada por las instancias de la propaganda estalinista, por elevar la figura de un gobernante encarnador de los valores rusos, la segunda fue censurada por entreverse en ella una comparación entre la crueldad del antiguo monarca y la del implacable Stalin. Eisenstein quedaría profundamente disgustado por esta censura y la película no vería la luz hasta diez años después de su muerte en 1958. Ambas películas son consideradas hoy obras maestras. Los que me conocéis sabéis de mi gusto por la obra de Eisenstein, así que hoy puedo glosar sus glorias a través de estas preciosas ilustraciones.
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La primera de ellas es quizá la que tiene una connotación más simbólica. Iván el Terrible coge a su hijo entre sus brazos con gesto consolador y compasivo mientras que, en claro contraste con esta estampa, unas ramas sostienen las calaveras de los enemigos del Reino. Aunque sutil, queda puesta de manifiesto la mano de hierro de Iván.
Las otras dos ilustraciones tienen una aureola más romántica. La segunda nos muestra la altivez del monarca y su hijo, ambos con una mirada desafiante, parecen reivindicar su poder y su fuerza como gobernantes de la nación rusa. La tercera es una confrontación entre el pasado que se va a extinguir -el perfil de Iván el Terrible- y el presente que se refleja en la figura de cuerpo entero de un refinado príncipe que sostiene una espada.
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Quiero destacar el contraste que aparece en todas las ilustraciones entre los rostros de Iván y de su hijo. Iván sigue el esquema que esbozara Eisenstein en la genial caracterización del protagonista: nariz aguileña, mirada profunda, rostro enjuto y una larga barba picuda que enfatiza su carácter siniestro. Su hijo, sin embargo, parece un héroe del cómic contemporáneo, del manga casi, representando los valores de la belleza y del ideal romántico. Es el contrapunto del rostro de su padre. Sus ropajes además nos revelan su profundo carácter aristocrático, santo y seña de la iconografía de Pavlov.
Otro elemento a destacar es la efectividad en el color. Aparte del negro de los dibujos, Pavlov solamente utiliza un azul para las sombras y los vestidos y un ocre para el apagado dorado de los brocados. Este elemento del efectismo a base de dos o tres tonos es también una constante en la producción de Pavlov y refleja la personalidad de sus dibujos.
Una magnífica serie de ilustraciones tributo al genial Eisenstein.